Pues aquí estamos. He pasado un trabajo endiablado armando este blog—tanto, que estuve a punto de mandarlo todo al carajo pero con un elegante: “¡a la mierda esto!”.

Sin embargo, y como bien profetizaba mi vieja (que en gloria esté), mi legendaria tozudez no me dejó rendirme. Así que fui y vine, me di unos cuantos trastazos aprendiendo a construir un sitio web desde cero, me trague tutoriales que no enseñan nada y hasta maldije a los programadores de la IA que a veces responde con una seguridad digna… pero con puras estupideces.

En fin, todo este discurso es para pedir disculpas por adelantado: si encuentran un botón que no lleva a ninguna parte, o peor, los manda a una página chueca, o se quedan atrapados en una sección de ventas… donde no se vende absolutamente nada, no es arte conceptual: soy yo.

Eso sí, en mi defensa, al final logré lo importante: subir mis historias cortas para su lectura y consideración.

Sean amables con lo que lean… al menos hasta que se me baje la ira.

Ahí está. Lean, y díganme qué les parece (pero, por favor, díganlo con la mayor gentileza posible). Así que presiona el botón “Para leer” allá arriba, en el centro que yo estoy aqui, cruzando los dedos para que no te mande a un sitio porno o algo peor.

Oficio de la escritura

No se engañe el lector: este ejercicio de emborronar folios es más un exorcismo que una disciplina. Lo que aquí se vierte no es sino el residuo de una batalla interna; historias que, en ocasiones, huelen al fango de lo vivido y, en otras, al éter de lo soñado, sin que yo mismo acierte ya a distinguir dónde termina la cicatriz y dónde empieza el invento. Nace este rincón con el único fin de dar salida a ese tropel de palabras que, presas de una locura incontenible, rebotan contra las paredes del cráneo amenazando con quebrar el juicio. Mas vale verlas aquí, quietas y sometidas al rigor de la tinta, que soportar su estruendo un minuto más.

Marcador de posición

Seguir la conversación

Marcador de posición
Marcador de posición
Marcador de posición